Acompañar para educar

El juego es muy amplio y varía según la edad y la etapa del desarrollo del niño, como os contaba aquí.
Las diferentes etapas del juego permiten al niño desarrollar distintas habilidades y nuevos aprendizajes, necesarios y muy útiles para el resto de su vida.
El papel que desempeña el juego en diferentes áreas es muy importante, como por ejemplo, a nivel motor, a nivel cognitivo, creativo o relacional.

IMG_8788Hoy quiero hablaros de las relaciones en el juego. De las interacciones de unos niños con otros y de lo que esto les aporta y les enseña.
Si os paráis un momento a mirar cómo juega vuestro hijo en el parque, o en grupo, veremos que no se relaciona igual con un niño de su edad que con otro más mayor o más pequeño, y lo mismo sucede si el niño es conocido o desconocido para él o si es su hermano o un amigo del colegio.

Hay diferentes expertos que recomiendan intervenir en el juego del niño, guiar y proponer y, de este modo, dar unas pautas y una guía adecuada en cada momento.

Mi punto de vista, es el contrario. En las sesiones que realizo en psicomotricidad, me gusta sacar varios materiales y proponer diferentes juegos y partiendo de ahí, dejar libre la experimentación del niño y su imaginación, facilitando que exprese su naturaleza y sus habilidades innatas.

Pero, ¿entonces estoy diciendo que debemos dejar a los niños libres y sin ninguna guía? La respuesta es no. No consiste en dejar a los niños sin supervisión y siendo libres en todo lo que hacen y sin normas, sino que consiste en dejarles expresar su momento evolutivo y sus necesidades, pero mostrando lo que es correcto, dando ejemplo y explicando los límites del resto del grupo.

¿Y qué quiere decir esto?
Pues que cada uno no puede hacer lo que quiera sin respetar al otro ni su espacio, sino que hay unas normas básicas de convivencia y relación en el juego, donde todos debemos respetarnos y dar ejemplo de lo que exigimos para nosotros mismos.

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En el juego la espontaneidad y la imaginación, propician ideas mucho más grandes que las planteadas en un inicio, pero es necesario educar desde la cuna, explicando los límites de cada uno y poniendo palabra a los sentimientos del grupo, fomentando que los niños desde pequeños pidan y expresen con palabras sus necesidades.

Por lo tanto, la guía en el juego debe ser esta supervisión, donde a pesar de dejar libre la creatividad y las necesidades del niño, los adultos estaremos para establecer límites, poner palabra a los sentimientos y pautar aquello que no es adecuado, haciendo que el niño empatice con los sentimientos del otro.
Por ejemplo: si vemos que nuestro hijo le quita un juguete a otro niño, podemos acercarnos y decirle que lo debe pedir, expresando con voz cómo debe hacerlo (“Quiero esa pelota, ¿me la dejas por favor?”).
Otro ejemplo: si vemos que empuja a un niño, nos acercaremos y pondremos palabra: “Si no te gusta que te quite la pelota, díselo pero no le empujes”.
Este es el modo de educar en las relaciones interpersonales, dando pautas de cómo convivir y relacionarse en grupo, pero sin modificar la naturaleza del niño y su creatividad.

No podemos quejarnos de que la educación está empeorando si no somos capaces de supervisar el juego de nuestros peques y acompañar en este aprendizaje tan importante. Porque el juego es la base de la niñez y es el principal motor de aprendizaje del niño. A través de éste aprenderá y generalizará lo que adquiera llevándolo a su día a día según vaya creciendo.

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