¿Calidad o cantidad?

Desde hace tiempo se ha abierto el debate entre estos dos conceptos: la calidad y la cantidad de tiempo que pasamos con nuestros hijos.

Resulta que hasta hace unos años, yo tenía unos argumentos diferentes a los que tengo ahora. Según pasa el tiempo observo que no todo es blanco o negro y que varía mucho de la rutina de cada familia, de las necesidades de cada uno y de cómo se organice y estructure cada núcleo familiar. Y por ello, quiero exponer mis argumentos por si pueden ayudaros y aportaros nuevas ideas.IMG_8693Cuando una familia me pide ayuda y recurre a mi para recibir respuesta a algún problema o terapia, escucho y acompaño sus necesidades, que no serán las mismas que las de ninguna otra familia y, por lo tanto, se resolverán de manera individual y única.

Esto es lo que te hace contemplar diferentes respuestas a lo que tenías idealizado en un principio, ya que cada familia al ser única, necesita unas pautas diferentes y lo que es aún más importante, se organizan y estructuran bien a partir de la clave exacta para ellos mismos.

Por ejemplo: ¿Dónde duerme cada miembro de la familia?
Hay familias que duermen todos juntos y otras que prefieren dormir separados. Unas que tienen una estructura muy marcada y otras que prefieren adaptarse a lo que suceda cada noche. Pero el fin en concreto es dormir, descansar y la felicidad de todos. Por lo que si la organización que tienen les permite cumplir estos objetivos, yo considero que no hay que intervenir ni cambiar nada en esta pauta.

Por lo que de este modo, observamos que para cada uno funcionan unas rutinas y no hay una sola manera de hacer las cosas, sino que hay tantas maneras como familias en el mundo.IMG_8695Lo mismo sucede con la cantidad y la calidad del tiempo empleado con los niños.
Este tándem debe ser equilibrado, y debe estar ajustado a nuestras necesidades, a lo que nosotros como núcleo familiar acordamos, demandamos y somos capaces de responder. Debe haber un equilibrio entre ambos para que sea una unión perfecta.

Antes, muchos expertos determinaban que la calidad era lo importante. Que bastaba con unos minutos de calidad a diario para responder a las necesidades de nuestros hijos. Y en cambio, ahora son muchos los profesionales que exponen lo contrario. Que sin cantidad de tiempo no existen los momentos de calidad.IMG_8694Y ¿cuál es mi argumento?

Después de muchos años trabajando con familias, y tras haber sido madre, tengo una opinión bastante clara al respecto.
Lo primero es valorar nuestra rutina, nuestro día a día, y saber cómo podemos estructurarnos y organizarnos y cuánto es el tiempo que tenemos para ello.
Es decir, cada uno deberá organizarse y responder a las necesidades de sus hijos y a las suyas propias, según la vida que lleve.
No es lo mismo un padre o una madre que trabajan desde casa, que uno que no trabaja, que otro que viaja cuatro días a la semana.
Por lo que sin compararnos con otras familias, y sin castigarnos emocionalmente, debemos asumir nuestra realidad y ajustarnos a ella.
Nuestros hijos vivirán la vida que les ha tocado. Es decir, si mamá o papá trabajan en un horario poco flexible y con escasa posibilidad de conciliar la vida laboral y la personal, se adaptarán a disfrutar de ellos más en los ratos libres o los fines de semana y asumirán que esta es su rutina como algo normal y natural.

Se trata de ofrecer a los niños y a nosotros mismos, la posibilidad de pasar tiempo juntos, aunque no sea en exclusiva, para así propiciar y favorecer los momentos de calidad.
La calidad si es espontánea se disfruta también mucho. Es decir, si surge de manera involuntaria que disfrutéis de un rato de juego y complicidad, haciéndoos cosquillas, o durante el baño, mientras cenáis o contáis un cuento, será algo que saboreéis ambos con mucho gusto.IMG_8692Pero si veis necesario buscar esos momentos de calidad, hacedlo. Puede que sea un ratito cada día antes de ir a dormir, donde compartáis complicidades o simplemente os hagáis cosquillitas o leáis un cuento. O puede que sea de camino al cole, donde aprovechéis para hablar del día a día. O quizás os guste compartir ese rato en la cena, donde cada uno cuente sus preocupaciones y entre todos las resolváis.

Lo importante es buscar esos momentos de conexión únicos con nuestros hijos. Que nos permiten fomentar la confianza, el diálogo, el cariño, la conexión especial entre ambos, el vínculo afectivo… Esos ratos que hacen que el día haya merecido la pena. Esos momentos que nos proporcionan buenos sentimientos y satisfacción.

No es cuestión de cantidad ni calidad, sino de un baile entre ambos, que se ajuste a nuestro modo de ver y vivir la familia, a nuestras necesidades y a lo que cada miembro de la familia demande y ofrezca.

Y tú, ¿piensas que es más importante calidad o cantidad? ¿Crees que ambas son necesarias?

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