EL VÍNCULO AFECTIVO: PEDIR AYUDA

A lo largo de mi experiencia me he dado cuenta de que hay aprendizajes básicos que se trabajan con cada uno de los niños que recorren mis sesiones por muy diferentes que sean los peques.
Es muy importante trabajar el vínculo afectivo nada más conocer a un niño, ya que nuestro trabajo juntos durará un tiempo, más o menos largo y, es fundamental que esté cómodo y se sienta a gusto para sacar lo mejor de sí mismo en cada sesión.
Este vínculo se favorece poco a poco, desde el entendimiento, la comprensión, el respeto tanto físicamente como psíquicamente. Le debemos dar su tiempo y espacio para que se muestre más o menos cercano, que tenga confianza y se desenvuelva en el entorno de trabajo y juego.
Hay niños que necesitan jugar con el adulto constantemente dentro de las sesiones y otros que prefieren cuidar su espacio aunque compartan parte con el terapeuta.
Hay pequeños que necesitan más contacto físico y expresar más sus sentimientos y otros, en cambio, no necesitan dar ni recibir muestras de cariño constantes.
Hay que respetar el espacio de cada uno y no invadirlo, y también es importante pedir las muestras de cariño y no exigirlas (aunque de esto podemos hablar otro día).
Otro concepto básico de la tarea de estimuladora en atención temprana es enseñar a los niños a pedir ayuda cuando la necesiten, sin anticiparnos a sus necesidades, dejándoles probar y que se equivoquen antes de ofrecerles ayuda para algo que igual sí son capaces de hacer por sí mismos, sorprendiéndonos y sorprendiéndose.
Para enseñar a pedir ayuda, debemos predicar con el ejemplo, siendo humildes y demandándola nosotros cuando también la necesitemos. Un niño comprende mejor con un ejemplo cotidiano que con palabras y sermones repetitivos.
En el caso de la atención temprana, son muchos los niños que reciben tratamiento y necesitan ayuda para realizar tareas cotidianas y es esencial enseñarles a pedirla, para que puedan realizar acciones habituales o puedan desenvolverse en el entorno.
Por todo ello, para explicarle a un niño cómo debe pedir ayuda, podemos pedírsela a él cuando “no sepamos hacer algo”, cuando necesitemos coger algo que él alcance, para que nos eche una mano con acciones que él sí puede realizar solo.
También podemos verbalizar la palabra “ayuda” cuando creamos que el niño está ante una situación costosa o difícil y no está pidiendo ayuda. En lugar de regañarle porque no pide ayuda o explicarle nada, sólo diremos “ayuda” para que lo oiga y lo emplee si lo cree necesario.
De ahí la importancia del vínculo afectivo seguro del que al comienzo hablaba. Si un pequeño está en un ambiente de confianza, tranquilidad, afectividad y respeto, le será más sencillo demandar lo que necesita sin miedo a fracasar o a equivocarse, sino sintiéndose seguro de sus intentos y consiguiendo cada vez más logros.
– Postdata: Si vosotros también necesitáis ayuda para educar, cuidar o criar a vuestros hijos o para enseñar, estimular a vuestros alumnos o niños de terapia, pedidla y enriqueceos de lo que el resto del mundo os pueda aportar, Yo la primera.

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