Potenciar la simetría entre lados

Desde que un bebé nace podemos llegar a observar ciertas tendencias en cuanto al lado en que más gira la cabeza, la mano que más mueve, el brazo que más lleva a su cara, la manita que más se lleva a la boca, el lado al que voltea con más facilidad… Hay niños que son bastante simétricos y a penas se notan estas diferencias.
En cambio en los que sí se aprecien estas conductas, debemos observar las de los que están con el niño, ya que a veces se tiende a cogerle siempre con el mismo brazo y a dejarle libre el mismo lado del cuerpo, que coincide con ser el que más mueve, o a bañarle y darle de comer con la misma mano y posicionarle siempre del mismo modo.
Debemos ir alternando el lado con el que hacemos cada actividad cotidiana y fomentar el lateral que más le cueste al pequeño.
Si observamos que el niño siempre gira su cabeza al lado derecho, le hablaremos más por el lado izquierdo, le ofreceremos más los objetos por el lado izquierdo, sin olvidarnos del derecho, para no crear la reacción inversa. Es cuestión de igualar ambos lados, para potenciar la simetría entre el lado izquierdo y el derecho.
Si el pequeño voltea sólo hacia el lado izquierdo, trataremos de ponerle más juguetes en el lado derecho y de llamarle por ese lado, ayudándole a que así gire hacia el lado derecho con estímulos.
No consiste en volvernos locos pensando en cómo colocar al niño cada vez que estemos con él o cómo hacerlo adecuadamente, sino de acordarnos alguna vez al día de tratar de estimular ese lado que le cuesta un poquito más pero que sin duda irá progresando igual que el otro, aunque con mayor rapidez si recibe el estímulo adecuado.
Siempre ser espontáneos y realizar todo a través del juego, ayuda a que el peque colabore más y disfrutemos más de su progreso.

Qué zapatos escoger

Los zapatos de bebé son meramente decorativos, por ello cuanto más blandos sean y cómodos mejor, ya que no deben presionar el pie, ni darle forma, solamente servir para dar calor o decorar. En verano lo más conveniente es llevar los pies al aire o con calcetines y, en invierno con unos leotardos, calcetines o patucos y en alguna ocasión con algún zapato de suela blanda y transpirable.

Una vez encontremos que el niño empieza a usar sus pies para apoyarse y tratar de ponerse de pie, debemos buscar unos zapatos con buena sujeción en el tobillo, para evitar torceduras, es decir, que sujeten el tobillo, que en el talón y el tendón de Aquiles sea más rígido pero almohadillado para no rozar el pie por detrás y agarrarlo bien; una suela dura pero que se pueda doblar, algo intermedio, que no sea muy rígido para el niño, y que pueda doblarse al dar un paso; también suela antideslizante.
Por último que tenga la almohadilla en la base del arco plantar, para que se forme bien el puente del pie.
Si además pueden ser de buen material, de piel por ejemplo, durarán más y transpirarán adecuadamente.
Lo mejor para facilitar la autonomía del niño y su colaboración es que los primeros sean con velcro para que comience a quitárselos solo y más adelante a ponérselos.
Es muy importante que sean de la talla adecuada del niño, no más grandes ni más pequeños.
Los zapatos de los niños no deben heredarse, ya que el desgaste del zapato varía según la pisada del niño y esto puede perjudicar al que usa el zapato por segunda vez.
Mi preferencia respecto a marcas es Pablosky, aunque podéis encontrar otras que tienen estas mismas características. Los de esta marca dan muy buen resultado, aunque son algo caros, pero adecuados a la calidad que tienen.
Hay modelos de verano e invierno, sandalias, botas, etc.
Y, para más adelante bailarinas, náuticos o mocasines.
Bota Pablosky 12 
También hay otras marcas como