La socialización no sólo parte de la escuelita

Seguro que todos habéis oído hablar de este término si tenéis un peque o trabajáis con ellos, ya que está muy de moda enfocar la escolarización temprana de los niños partiendo de este concepto como objetivo fundamental.

La socialización de los niños no es más que integrarles en sociedad, con otros peques, para que puedan aprender a convivir, a desarrollarse en un entorno con otros niños, a jugar en grupo o seguir normas sociales.

La realidad es que los niños hasta los tres años pasan por una etapa de egocentrismo, donde viven su propia realidad de los hechos, sin empatizar con el entorno o sin sentir la necesidad de convivir con el resto según las normas básicas de convivencia.

Ellos no se relacionan con los otros por necesidad y mucho menos comprenden el concepto de compartir lo de sí mismos con el resto, ni su espacio, ni lo material, ni el afecto o la atención.

Por esto mismo, la socialización se empezará a dar a partir de que esa etapa cese y comience la siguiente, donde el niño esté preparado para formar parte de una sociedad, compartir experiencias y enriquecerse de ellas en grupo, disfrutando realmente de lo que le proporciona la socialización.

Pero, ¿entonces los niños no se relacionan antes de los tres años?

Claro que sí. Los niños se relacionan con el entorno y las personas desde que nacen, ya que somos seres sociales y para sobrevivir tenemos que convivir con el resto.

Pero es verdad que ellos se ven a sí mismos protagonistas de sus vidas, y no ven la parte fundamental y positiva de estar en sociedad.

Es decir, convivir como tal es relacionarse con el otro sabiendo ceder, empatizar, siguiendo normas, obedeciendo culturas y siguiendo al grupo.

Los peques tratan de formar parte del grupo, pero no se relacionan de forma consciente o activa con los otros, sino que aprenden estrategias para imponer su criterio o tratar de sobrevivir. No es una forma de socializar, ya que eso es un proceso complejo y que requiere mayor madurez. Es una manera de convivencia primaria.

Se limitan a seguir al grupo imitando, imponiendo sus ideas y sobre todo las necesidades que tienen.

Por eso mismo, sí considero que sea importante que los niños se relacionen con otros niños desde pequeños, pero no afirmo que la escolarización temprana sea la base de la socialización como mucho sí hacen.

Es importante que crezcan con otros, ya que la imitación les enriquece, el lenguaje y la autonomía personal se favorecen, el juego simbólico se incrementa y aprenden a jugar por turnos o a esperar, les ofrece estrategias para la vida y su desarrollo, pero el parque, la familia (primos, amigos, hermanos…) y otros entornos con niños ofrecen las mismas posibilidades y sin horarios fijos que a veces no son ni capaces de seguir.

Por esto mismo hay escuelas que potencian la educación del niño basándose en el ritmo individual de cada uno, respetando sus tiempos, horarios, desarrollo y emociones, sin seguir una base inamovible para todos, algo que considero muy brusco para los más pequeños.

Para este proceso individual debe haber alguien que trabaje con constancia estos aspectos, ofreciendo las estrategias adecuadas al niño, dándole ejemplo de cómo relacionarse y qué hacer en cada situación en la que estemos potenciando la socialización con otros, no dejados libremente esperando a que se dé solo, como si se tratara de cualquier cosa.

La socialización va a darse sí o sí aunque no vayan a escuela infantil, ya que hay mil maneras de potenciarla; ¿o todos vosotros fuisteis a la escuelita?

Yo os planteo estas cuestiones porque no todos los adultos que conozco fueron a escuela infantil, ni todos los que sí fueron son seres súper sociales, ni este aspecto ha potenciado ni condicionado el resto de sus vidas.

Por todo ello, el que escoja la escuela como base de la socialización de sus hijos, tiene que reflexionar sobre si este es su objetivo principal, ya que el proceso acabará sucediendo cuando tenga que suceder, sin perder de vista que cada familia decide lo que quiere o incluso lo que puede, ya que no es esta la razón fundamental para la mayoría de aquellos que escolarizan a sus hijos.

Respetando el contacto II

Hoy quiero recordar un post sobre el respeto al contacto con un peque que tenía ganas de volver a publicar.
En los últimos meses he visto varios posts sobre dejar o no que den besos a tus hijos, si es bueno obligarles a dar abrazos o besos o a que acepten el contacto de un extraño o de alguien que en ese momento no quieren.
Yo lo tengo muy claro, no obligo a mi hija a que de besos, abrazos o caricias, ni los reciba de quien no quiera.
Yo tampoco las acepto de quien no me apetece o no conozco, así que es contradictorio que ella tenga obligación de quedar bien con todos y yo pueda escoger.
Lo mismo me sucede en sesión. No obligo a que los peques me saluden con un beso o no les cojo de la mano si no quieren. Ni les obligo a dar besos de despedida o a abrazar a cambio de algo. Siempre respeto, observo y pido permiso.
AQUÍ OS DEJO EL POST QUE ESCRIBÍ HACE UN AÑO:
Respetando el Contacto:
Que importante es para el adulto complacer sus necesidades sin darse cuenta de cuáles son las del niño.
Cuando un bebé nace y tiene tan solo horas recibe muchas visitas de familiares y amigos de la familia. Hay algunos más cercanos y otros que acuden por compromiso. Ahí cada uno debe medir la cantidad de gente que quiere que acuda al hospital o a casa y quiénes deben antes o cuando ya hayan pasado unos días, dependiendo del grado de cercanía y la relación.
En casi todos los casos hay gente que tiene la necesidad de coger al niño sin pensar en cuáles son las necesidades reales del bebé y de la mamá.
Es difícil poner límites a aquellos que se lanzan a coger al peque pero es importante dejar claro cuáles son las necesidades del recién nacido en este momento tan importante.
A veces hay que ser claros y explicar que no es momento de complacer a los adultos sino al recién llegado al mundo.
Lo mismo va sucediendo según éste va creciendo. Son muchos los que piden coger, besar, abrazar al niño en los encuentros. Está claro que es importante medir quiénes son los que lo demandan, ya que abuelos, tíos o amigos muy cercanos tienen ganas de demostrar el afecto al niño de este modo y sienten gran ilusión por besar y tocar al bebé, como es lógico y comprensible.
Aunque debemos respetar al peque y su forma de expresar y escoger lo que quiere hacer, sin castigar su decisión ni chantajear con que nos iremos o no tendrá una cosa específica si no da el beso o si no quiere contacto físico.
Otros sin tanta cercanía tienen su propia necesidad y no respetan la del niño. Y esto incomoda mucho al peque ya que se enfada, extraña y se ve separado de sus padres sin comprender nada de lo que está pasando. Además muchas veces su referente (su madre o su padre) se ponen del lugar del otro sin tener más opción el niño de hacer lo que le exigen.
Pedir permiso al niño a través de la lectura de las señales que nos emite a la hora de acercarnos a él es lo que mejor nos va a aclarar cuál es el momento adecuado para este contacto.
Respetar cada momento del niño es esencial para elegir el momento correcto para ofrecer cariño al peque, ya que a la hora de mamar no es adecuado acariciar o besar a un niño que no es el nuestro, por ejemplo.
Simplemente siguiendo normas básicas y siendo cautelosos aprenderemos a respetar los tiempos del niño y a conocer cuál es el momento para cada cosa.
Es esencial que el peque sepa escoger y pueda decidir en este sentido, ya que aprenderá a mostrar sus sentimientos con respeto, siendo capaz de elegir y haciendo lo que realmente siente y quiere, como el adulto realmente hace también.
Al fin y al cabo se trata de ponernos en la piel del niño, mirar a través de sus ojos y ser empático. El niño no es antipático o mal educado, simplemente está haciendo lo que cualquier adulto haría ante un desconocido o en un momento que no considera adecuado.